Ambiciosa, precisa y formalmente cautivadora, esta novela gráfica narra la vida de varios personajes en un día cualquiera... Hasta que deja de serlo.
Un debut que sorprende con su gran habilidad técnica.
La vida de varios personajes se cruza un día cualquiera, un 22 de marzo, en el que, como en todos, el sol viene por el este y, antes de que se vaya por el oeste, habrá quien se enamore, quien pierda a un amigo, quien cuide de su madre enferma, quien nazca, quien llegue al trabajo tarde y cansado de todo. Un día en el que todo puede cambiar, mientras en otro lugar (siempre en otro lugar), las bombas caen, y el fin del mundo parece posible.
Mientras los medios de comunicación informan de los conflictos que asolan medio mundo, varios personajes nos muestran cortes de su cotidianeidad: sus trabajos, sus relaciones sociales, sus desamores. En el futuro, en forma de un magistral prólogo, la amenaza se materializa en forma de bombas cayendo y vidas en peligro. El fin del mundo que nadie quiere ver.
Algún día miraremos hacia atrás y nos preguntaremos: ¿cómo fue el día en el que empezó el fin del mundo? Un día cualquiera, un día normal.
Cada capítulo recorre las 24 horas del día y aborda una problemática contemporánea: el individualismo; la ceguera mental; la enajenación que provocan las nuevas tecnologías; la percepción selectiva. Mecanismos de evasión para seguir con la vida.
Un tapiz, cuyo hilo conductor es la ciudad.