Algunos de los mejores ejemplos de la valiosa aportación del coloso de las letras rusas a la narrativa breve.
Seguramente la popularidad de la que han gozado las novelas de Dostoievski (Moscú, 1821 - San Petersburgo, 1881) haya eclipsado el enorme valor de sus cuentos. En los cuatro que esta compilación propone se reconoce el estilo del mejor Dostoievski; resuenan en estos relatos de manera inequívoca sus temas y obsesiones.
«El ladrón honrado», el primero, nos acerca a la lastimosa realidad de un alcohólico atenazado por la culpa. El siguiente, «El cocodrilo», constituye una sátira inclemente de la estulticia encarnada en la burocracia, y quizá revele al lector un aspecto que no siempre sale a relucir cuando se habla del autor: su dimensión humorística. En «El campesino Maréi» un conmovedor recuerdo infantil asalta al narrador durante su presidio en Siberia; mientras que en el cuento que cierra la antología, «El sueño de un hombre ridículo», un personaje que había resuelto quitarse la vida decide al fin renunciar a ello gracias a un encuentro fortuito con una niña y a un sueño en el que le ha sido revelada una honda verdad acerca de la naturaleza del hombre.