En palabras del autor, Los odios y los días es «un ensayo sobre la importancia intelectual y corporal de lo religioso. Acerca del lugar reprimido que las creencias tienen en el conocimiento y, por añadidura, sobre el papel simbólico que tiene la aversión a la religión en el importante capítulo de los odios contemporáneos, que saturan nuestra vanidad global. [...] En este libro no se entiende la divinidad, ni a su emisario Cristo, como un consuelo. Más bien lo contrario, representaría el tormento de creer en algo muy lejano a nosotros, insensato para nuestra prudencia y que dificulta además las creencias civiles que guían nuestra conducta».