En el año 1966, en plena dictadura franquista, Sergio Leone rodó los exteriores de El bueno, el feo y el malo en los pueblos burgaleses de San Pedro de Arlanza, Santo Domingo de Silos, Covarrubias y Carazo. Hoy el filme, piedra angular del spaghetti western, es valorado tanto por la crítica como por el público como un clásico de la historia del cine.
Una oscura ironía hizo que el ejército franquista trabajara en la construcción del gigantesco e icónico decorado del cementerio de la película sobre el suelo de un país repleto de fosas comunes. La Asociación Cultural Sad Hill reconstruyó y recuperó el cementerio de forma altruista. Son muchos los cinéfilos, turistas y curiosos que, a diario, visitan y se fotografían en el mismo decorado por donde caminaron leyendas de la pantalla como Clint Eastwood, Lee Van Cleef o Eli Wallach.
Ernesto Is toma como punto de partida para escribir esta pieza teatral la historia de aquel rodaje y la triste realidad que esconden las cunetas de nuestro país.
Hoy en día, y según datos del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, hay aproximadamente unas seis mil fosas comunes en España, de las cuales casi mil quinientas han sido exhumadas y dignificadas de forma total o parcial. Sin embargo, se calcula que todavía puede haber más de ciento catorce mil personas desaparecidas.