Todos sabían que Cartago estaba condenada, pero nadie imaginó el precio de su caídaAño 150 a. C. El Mediterráneo occidental es casi un lago romano. Sólo queda un reducto independiente: la archienemiga ciudad de Cartago. Derrotado Aníbal en la segunda guerra púnica, en los últimos cincuenta años la metrópoli cartaginesa ha resurgido de sus cenizas y su bonanza económica despierta todo tipo de suspicacias en el Senado de Roma y, en especial, en Catón el Viejo, que cierra todos sus discursos con su conocido Carthago delenda est.
En la propia Cartago las élites están divididas entre los partidarios de una paz duradera con los romanos y los que claman venganza por los agravios permanentes de sus vecinos númidas, aliados de Roma y grandes beneficiados del declive de Cartago.
En este avispero aflorarán personajes como el rey Masinisa de Numidia, el líder cartaginés Asdrúbal el beotarca, el influyente senador Catón o el tribuno Publio Cornelio Escipión Emiliano y su inseparable amigo y maestro Polibio, todos ellos representantes de las múltiples caras de un enfrentamiento inevitable que cambiará la historia.
A medida que la guerra se vuelve inevitable, líderes militares, políticos y ciudadanos corrientes deberán elegir entre la supervivencia y la lealtad, entre la traición y el sacrificio por una patria condenada.
¿Conservará Cartago su dignidad y su memoria?